lunes, 5 de octubre de 2009

EL LIBRO DE MUJICA

El anuncio oficial de la feria del libro, anunciando el lanzamiento de “Mujica, Coloquios” no deja dudas del carácter oficial de la publicación. Figuro, ese día, por si cabe alguna duda, en el boletín de campaña del Frente Amplio con la actividad del mismo.

El autor, vinculado de mucho tiempo a los tupamaros primero, y el MPP después, así como la colaboración que presto el candidato presidencial (según algunas fuentes termino grabando entre 24 y 28 horas) no dejan dudas de que todo lo publicado fue expresamente señalado.

Incluso en la crítica de este al autor, en ningún momento niega sus dichos, sino que se siente traicionado porque se publicaron los mismos.

Primera conclusión, la espontaneidad tan pregonada de Mujica no es tal. Su respaldo a compañeros y subordinados, cae cuando los resultados de una acción no son los esperados. Son estos datos sobre su personalidad que no fueron de público conocimiento hasta el momento, y que en cierta forma sorprenden, particularmente si tenemos en cuenta su participación en el movimiento guerrillero. En esos sitios es muy difícil llegar a los primeros planos sino se sigue una conducta exactamente opuesta a la que hizo gala el candidato. Quien no dudo es criticar públicamente al autor de la publicación, que solo se limito a reproducir sus palabras.

Al margen de las repercusiones de la publicación, y de la forma como va a incidir en la campaña electoral, es bueno detenerse en algunas de las apreciaciones que formula Mujica. Las cuales, por otra parte, no fueron exclusivas de esta fuente, sino que se hicieron presentes en otras publicaciones y discursos del hombre público en cuestión.

Nos referimos al concepto de propiedad de la tierra y las políticas migratorias y demográficas.. En esta oportunidad ambos temas están intimamente vinculados.

Todo se inicia con la crítica a la expresión, acuñada hace largo tiempo por los tupamaros, el movimiento azucarero de trabajadores de Bella Unión y particularmente Raúl Sendic de “la tierra para los que la trabajan “. Con ello se desmarca de sus orígenes pero, sorprendentemente, para ubicarse más a la izquierda. Dice que la frase es propietarista y no la suscribe.

Y entonces surge la peor tesis, la de negar la propiedad de la tierra a los ciudadanos, y sostener que solo le pertenece al Estado, y que este debe arrendarla a quienes se comprometan a trabajarla y habitarla.

Es esta la posición más totalitaria. La gente no es titular de nada. Depende del Estado y quien lo gobierne, que se la da en arriendo. Vive y asume una dependencia absoluta del poder constituido. En definitiva, el concepto de propiedad que ya reino en la ex Unión Soviética en sus peores momentos. Durante la década del 30, cuando el régimen de Stalin termino asesinando a más de seis millones de campesinos.

Y lo que es más preocupante aún, hizo que la producción agrícola prácticamente desapareciera, provocando las hambrunas de que nos da cuenta la historia y la literatura peores de los tiempos modernos, solo comparables a las de la Edad Media. Pero con una diferencia sustancial, las de entonces se explican en función de las posibilidades tecnológicas de esa época (se superaron cuando los europeos descubrieron la papa, que vino de América). Las hambrunas de la Unión Soviética fueron consecuencia de la “ingeniería social” que produjo el régimen comunista.

Estas ideas, en el mundo, no las ha defendido nadie. Desde Mao en adelante no existen antecedentes. En la propia Unión Soviética, fueron desechadas ya por Nikita Krusevch en la década del 50.

Lo dramático del tema, es que a este concepto se le agrega otro. El deseo de traer entre doscientos y trescientos mil ecuatorianos y bolivianos a trabajar la tierra en régimen de arriendo con el Estado.

Y entonces Mujica recuerda a las corrientes migratorias que poblaron el país desde los dos últimos decenios del siglo XIX en adelante.

Convengamos que nuestros antepasados vinieron al Uruguay exactamente a lo contrario. Llegaron porque este era un país de oportunidades a trabajar en su propia tierra y, en la mayoría de los casos, a emprendimientos comerciales e industriales que fundaron con su propio esfuerzo y casi sin ayuda del Estado.

Cuando perdimos el espíritu pionero de nuestros fundadores fue que el Uruguay retrocedió en el mundo.

Amigo lector, para que Ud. tenga una idea. Trescientas mil personas aquí representan (tengamos en cuenta nuestra población) lo que los latinos son en Estados Unidos. Alguien se imagina lo que sería, una masa de gente de esa naturaleza en nuestra sociedad. Con un nivel cultural inferior al nuestro. Situados en un territorio que no conocen, dependiendo del Estado y quien sea titular del mismo.

No es difícil “suponer” los resultados de una operación de “ingeniería social” de este tipo.

Por encima de todo concepto, es bueno señalar que uno tiene la impresión que estas ideas, no representan al Frente Amplio. A la inmensa mayoría de los propios adherentes a esa fuerza política. Pero es bueno expresar, que emitidas las mismas, y no solo en este libro, ahora todos los uruguayos tenemos el derecho a preguntas si van a ser implementadas en el gobierno de Mujica y en caso negativo que seguridades se brindan.

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